 Mueble para nuestra colección. Foto cedida por Nimfiara. |
En el momento en que recogemos varios minerales y los almacenamos en casa estamos, sin darnos cuenta, comenzando una colección. Sin embargo, obviamente, esta no podrá ser considerada como tal hasta que no la organicemos adecuadamente.
Cuando empezamos a recolectar minerales, tenemos que tener en cuenta una serie de factores; el espacio de que disponemos, el tamaño de las piezas a recolectar o comprar, la organización o temática de nuestra colección, el ámbito geográfico, la especialización, etc.
Por otra parte, todo mineral debe ir asociado con un ficha en dónde, como mínimo, se identifique el nombre y la procedencia de este. Por supuesto, una incompleta descripción de la procedencia, como por ejemplo; pirita de España o semejante, es totalmente insuficiente y hace que la pieza pierda valor, tanto científico como coleccionístico. Sin embargo, una descripción como "Pirita de Navajún. España." corresponde a una localización adecuada.
Por supuesto, la descripción sería más completa si se indicase el nivel de extracción de la mina o las coordenadas geográficas del yacimiento. Por desgracia, salvo en casos de recolección propia, los minerales adquiridos carecen de este tipo de información. Limitándose exclusivamente a la población y no haciendo referencia a la mina o yacimiento de extracción.
En muchos casos, la descripción de la pieza adquirida, se reduce al mineral o cristal a destacar, dejando de lado él o los minerales asociados a esta. Por ejemplo, "Cubo de pirita" en lugar de "Cubo de pirita sobre marcasita".
¿Cuál es el lugar ideal para nuestros minerales? Esta pregunta puede tener varias respuestas; lo ideal es disponer de un armario divido en dos áreas, una de exposición tipo vitrina en la parte superior y otra de organización mediante cajones en la parte inferior. Este tipo de armarios es el que encontramos en la mayoría de los museos. |